Fundó Blind Fragrances, un emprendimiento de perfumes sin distinción de género y cruelty free.

Luego de más de 25 años de trabajo en el área de comunicación corporativa y también de forma independiente, Adriana decidió cambiar de rubro radicalmente. Maternidad mediante, comenzó a seguir una de sus pasiones: las fragancias. «Hice una investigación en la que detecté que el sector perfumista tiene atractivos: por un lado, la necesidad de muchos consumidores de referenciarse con un aroma de manera exclusiva y, por otro, cierta disposición a pagar ese lujo que implica la exclusividad. Pero la diferencia es que la propuesta debía estar atada a la idea del nuevo lujo o exclusividad accesible. Y así es como llegué a estudiar Perfumería, en la Asociación Argentina de Químicos Cosméticos», explica Lopardo.

Una de las premisas fue diferenciarse de los perfumes industriales y, para eso, además de tener un producto único, debía construir una marca. Por eso todo lleva su firma, mano y cabeza: desde la creación de las fragancias y la búsqueda de las materias primas, hasta la elección de los envases, las tapas, las válvulas, el diseño del packaging y el naming. Para definir cada uno de los aspectos, hizo una investigación a lo largo de cinco años. Pero, lo más difícil, fue encontrar a los socios estratégicos.

Pero el diferencial de Blind Fragrances es trabajar las fragancias sin género. «Buscamos romper con las convenciones de la tradición en perfumería: así como no hay colores de mujer o de hombre, tampoco hay notas femeninas o masculinas. Son exclusivas porque se trata de creaciones de autor originales, en ediciones limitadas, garantizadas con un sello que numera cada unidad», apunta la emprendedora. Además, Blind es una marca cruelty free, que no experimenta con animales, ni usa notas de animales naturales.

El modelo de negocio es la venta a través de e-commerce con las redes sociales como plataforma de comunicación. Con un precio de entre $2000 y $5400 según el tamaño del envase, los perfumes de Blind Fragrances ya están presentes en varios países limítrofes. «Ahora, estamos trabajando en la producción en Europa: creemos que, cuando las cosas se normalicen un poco, ahí se abre el mercado, porque en nuestros productos nos gusta experimentar, romper algunas reglas. Mezclamos aromas más familiares y fáciles de identificar con otros no tan tradicionales.Nuestro objetivo es dejar en el pasado los estereotipos planteados por la industria.¿Perfumes de hombre, de mujer o unisex?

Los aromas no tienen género, nuestras fragancias tampoco», concluye Adriana.

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